sábado, 17 de noviembre de 2007

"LA SEÑORA ANGUSTIAS"

CAPITULO 1


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-Diga?
-Nena ¿qué haces?-preguntó mamá como cada día.

Últimamente se encontraba alicaida, sin fuerzas, sin ganas de vivir, había muerto mi tía y había tomado su rol, misas diarias, ir casi de luto, se ponía solo los pendientes de ella y sus pulseras, y andaba llorando por los rincones. Todas las mañanas me llamaba a la misma hora para preguntarme qué hacía y saber si podíamos salir, y aquella mañana no iba a ser diferente.

-Lo de siempre mamá, en el ordenador.
-¿Has llevado al chico al cole?
-No mamá, hoy se ha quedado para hacerme la comida.

Siento ser tan irónica, pero me molesta que cada día me pregunte lo mismo ¿Por qué no va a ir mi hijo al cole?..... Pero no siempre soy así, otras veces le contesto que sí y miro al cielo mientras muevo la cabeza.

En el fondo le gustaría ser como mi abuela, estar en casa sentada en su mesa camilla, su brasero y su tele, encerrada todo el día con mi chico sentado en sus rodillas, pero la verdad que la situación es un poco diferente, mi abuela estaba inválida y casi ciega. Vivía con nosotros y no salía de la misma habitación, no tengo ningún recuerdo de haberla visto de pie nunca, estaba sentada en su sillón de orejas de color marrón, vestida de negro y un mandíl en tonos grises donde guardaba su monedero negro con su dinero y sus estampas. Tenía el pelo blanco recogido en un moño bajo, pendientes de oro y gafas negras que nunca se quitaba. Así pasó muchos años, sentada en su mesa camilla y con su brasero y su radio encendida.
Yo me pasé los 5 primeros años de mi vida sentada en sus piernas hasta que llegó el día que tenía que ir al colegio, mi abuela no quería por nada del mundo que yo fuera al colegio pero ya habían retrasado demasiado mi futuro, y mi madre decidió que ya tenía que empezar a ir.
Y por otro lado mi hijo tiene 6 años y no creo que se quedara mucho tiempo sentado en las rodillas de nadie, más que nada por que es muy alto y pesa ya 30 kilos, y lo único que le interesa es jugar.

-Mira que eres estúpida, no sé ni por qué te llamo.
-Mamá no me gusta que me hables así, te has vuelta de un ordinario que asustas.
-Si es que es verdad, mira que decirme que el chiquillo te va a hacer la comida...
-Bueno mamá, ¿que querías? ¿para que me has llamado?
-Ya para nada.
-¡Es que hay que ver! ¡eh! ¡como te gusta ponerme de los nervios!
-Pues nada solo te llamaba para ver si querías venir conmigo a comprarme una cosa.

Lo sabía.
Mi madre es una compradora compulsiva, tiene que comprar todos los días algo por que sino no es feliz, el día que no compra está todo el día enfurruñada. A mí me da rabia, por que a veces compra sin ton ni son, y yo que no ando muy "bollante" de dinero me saca de mis casillas que compre cosas que no necesita: por ejemplo zapatillas de estra en casa, tiene que tener miles, pero siempre me dice que no tiene, y es que lo que pasa que las guarda tan bien guardadas que luego no se acuerda donde están. Y si no son zapatillas, son zapatos, y si no barras de labios que luego me da a mi por que no le gustan y lo peor de todo es que a mí tampoco y termino tirándolas.

-Si mujer, nos vemos a las 12 en Torres. Un beso. Hasta luego.
-Vale. No tardes. Y abrigate. Ponte un pañuelico en el cuello que luego pasa lo que pasa. Que todo entra por la garganta.
-Venga, si, hasta luego.
-Hasta luego.

Llevo escuchando lo del pañuelico en la garganta toda mi vida. Es una frase echa. Suya. Cuando llegue el día que no la escuche la echaré de menos, aunque ahora me moleste escucharla.

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